Por una otra PAC después de 2013


Respuestas de la Coordinacion a las 4 preguntas de la Cion


1. Por qué necesitamos una Política Común en Europa?


Sin política agrícola común en un mercado único de 500 millones de habiltantes, no se puede garantizar la seguridad alimentaria de la población, ya que lo intereses nacionales o privados pueden orientarla hacia otras prioridades. El desequilibrio agrícola se agravaría entre regiones y la cohesión económica entre territorios dejaría de ser un objetivo. Sin política común, la renacionalizacion de la PAC, ya mermada desde las últimas reformas de la PAC, provocaría graves problemas y distorsiones en el mercado único, además, aumentarían las diferencias entre las regiones ricas y pobres de la UE.


Necesitamos una política agrícola, una política fuerte. La alimentación es demasiado importante para dejarla en manos de un mercado sin reglas. Las crisis sectoriales actuales muestran que sin una regulación pública de los mercados y de la producción, la volatilidad de los precios destruirá la economía campesina y las explotaciones agrícolas multifuncionales que la UE necesita.


Necesitamos una política agrícola que enmarque las prácticas agrícolas de tal forma que los desafíos medioambientales, climáticos y de biodiversidad sean asumidos como una prioridad.


Necesitamos una política agrícola que no padezca, como sucede en la actualidad, una falta de legitimidad, tanto a nivel internacional (los países terceros cuestionan nuestras exportaciones a precios artificialmente bajos debido a las ayudas directas a los agricultores o por ayudas residuales a la exportación), a nivel social (las ayudas actuales de la PAC están injustamente distribuidas), a nivel medioambiental (la industrialización de la producción continúa), y a nivel de la salud (el coste de los problemas sanitarios ligados a ciertos modos de producción y de consumo es mucho más elevado que el presupuesto de la PAC). Esto último, es un punto muy importante si queremos que los ciudadanos/as y los contribuyentes apoyen una política agrícola común.


2)¿Qué es lo que esperan los ciudadanos de la agricultura?


Asegurar la seguridad alimentaria de los europeos/as. La UE es el primer importador (y exportador) de productos agrícolas y alimentarios e importa el 78% de sus proteínas vegetales. La seguridad alimentaria no puede depender del exterior. La prioridad de la PAC debe ser alimentar a la población europea. Cerca de 40 millones de personas en la UE sufren malnutrición y dependen de la ayuda alimentaria para su supervivencia: esto es escándaloso en una de las regiones más ricas del planeta.


« Las patatas no nacen en los supermercados » ¿Quién alimenta a la población ?¿Acaso, Walmart, Tesco, Carrefour, Nestlé, Danone, etc… harán que mediante contratos, nuestros alimentos sean producidos por agricultores/as convertidos en trabajadores ? Esto puede suceder si no cambiamos las políticas agrícolas, comerciales y fiscales actuales. Ahora bien, la mayoría de los/as ciudadanos/as europeos/as prefiere un campesinado europeo que unos meros “foodmakers”. Por tanto, quieren una PAC que deje vivir a las explotaciones campesinas, no sobrevivir, y que puedan ser transmisibles a las siguientes generaciones. Veremos los cambios que esto supone.


Desarrollar el empleo: mientras que el paro estalla en Europa, la UE no puede continuar destruyendo sus explotaciones y sus empleos rurales. Mantener e instalar a campesinos/as en todas las regiones supone una PAC que ofrezca a la producción agrícola el reconocimiento económico y social que ésta ha perdido (precios por debajo de los costes de producción, rentas que normalmente son inferiores a otras categorías sociales).


Respetar el medio ambiente, disminuir el calentamiento climático y salvar la biodiversidad agrícola y salvaje. La ciudadanía europea no quiere seguir poniendo en peligro su salud por elementos como el agua o la alimentación. Se trata de frenar la industrialización de la producción agrícola y de la ganadería, utilizada siempre en numerosas producciones: sus externalidades negativas son demasiado difíciles de soportar y siempre las acaban pagando los/las contribuyentes, ya que no son contabilizadas en los costes de producción. Las prácticas agrícolas y los modos de producción favorables al clima y a la biodiversidad son conocidos : su puesta en práctica es urgente, y rompe con el modelo dominante actual.


 La agricultura campesina sostenible, componente esencial del mundo rural, produce externalidades positivas reconocidas y demandadas por los ciudadanos/as europeos/as. Pero no se trata de cuantificar o de “financiarización” los paisajes o la biodiversidad, que no están “en venta”. La mayoría de estas externalidades derivan directamente del acto de producción agrícola, cuando éste se hace con buenas prácticas agrícolas.


 La agricultura europea no debe hacer más daño a las economías agrícolas de terceros países, esto supone reescribir la PAC y las reglas vigentes del comercio internacional agrícola, que blanquean las exportaciones de la UE a precios por debajo de los costes de producción (dumping). La obligación de cesar todas las formas de dumping debe ir acompañada del derecho para la UE (y para terceros países) de protegerse de importaciones a precios demasiado bajos.


En efecto, no se puede pedir como ciudadanos europeos que la UE mantenga un tejido de explotaciones campesinas en todas las regiones y al mismo tiempo condenarlas por importaciones procedentes de países “low cost”, en las cuales los costes salariales son más de 10 veces inferiores. Además, las producciones de fuerte mano de obra como son las frutas y hortalizas o el vino se deslocalizan fuera de la UE y son las propias firmas europeas las que han deslocalizado sus producciones y las que tienen el mayor interés de “exportar/repatriar” sus productos a bajos costes sin derechos de aduana hacia la UE. Quienes se benefician no son los campesinos locales.


3) ¿Por qué reformar la PAC ?


El año 2009 acaba de mostrar la amplitud de las dificultades a las que se enfrentan los campesinos/as europeos/as. Las rentas agrícolas han caído en picado. La PAC actual así como la OMC (el marco de la PAC) han mostrado su incapacidad para resolver los problemas, y peor aún los han agravado: las explotaciones agrícolas desaparecen, el desempleo está aumentando de forma pronunciada, el hambre afecta a un millón de seres humanos, el planeta se calienta, la biodiversidad desaparece, los costes para la salud derivados de los modos dominantes de producción y de consumo aumentan rápidamente. Los productores y los consumidores son los grandes perdedores, y los beneficios de la agroindustria y de la gran distribución aumentan.


La política neoliberal que a globalizado nuestra agricultura y nuestra alimentación ha fracasado y es incapaz de responder a los desafíos de hoy y del mañana. El marco actual de la PAC y de las normas actuales del comercio internacional agrícola (1994) son instrumentos del siglo pasado; no se adaptan a los desafíos actuales: por tanto hay que cambiarlos. Los campesinos y los ciudadanos europeos necesitan una nueva política agrícola y alimentaria. Ahora hay que definir primero las prioridades, antes que las del presupuesto de la UE.


El marco adoptado desde 1992, ha creado más problemas que soluciones. No se puede construir una economía agrícola y unas explotaciones sostenibles si los agricultores son obligados a vender estructuralmente sus productos a precios inferiores a los costes de producción. Al reemplazar los precios por las ayudas, no se ha solucionado la falta de legitimidad internacional de la PAC (porque nuestras exportaciones continúan a precios bajos), si no que se ha desvalorizado los productos agrícolas y el mérito de quienes los producen, haciéndolos poco atractivos. Desacoplando las ayudas a la producción, la UE no ha cambiado las distorsiones a la exportación, si no que han convertido el apoyo a la agricultura en algo incomprensible para los ciudadanos y los contribuyentes. Intentar legitimar este apoyo remunerando los llamados “bienes públicos” no es la buena via a seguir. Y se debe solucionar el problema de los “males públicos” ( la contaminación de los suelos y del agua, la erosión del suelo, el descenso de la materia orgánica de los suelos, la desaparición de arbustos, la desertificación humana por la exagerada ampliación de las explotaciones, la multifuncionalidad negativa de la ganadería industrializada, etc..) de los que a menudo reciben la mayoría de los pagos directos.


Hay que pasar del marco caducado de las normas actuales del comercio internacional, en el cual, la exportación/importación es la prioridad, al de la soberanía alimentaria, donde la prioridad es la alimentación de la población europea.




4) ¿Qué instrumentos necesita la PAC del mañana?


1. Renta, precios agrícolas



Para mantener el campesinado (el objetivo de la seguridad alimentaria y del empleo) en todas las regiones (objetivos de desarrollo rural, de cohesión europea, de multifuncionalidad, de diversidad de productos,…), hace falta que ellos/as puedan vivir de su profesión, es decir, esencialmente de la venta de su producción. Se trata de una cuestión de reconocimiento económico y social, necesario para hacer atractiva su profesión, como es la renovación de sus explotaciones. Esto implica que los precios agrícolas deben estar vinculados a los costes de producción europeos y no a los precios mundiales. Para lograrlo, hace falta aplicar los siguientes instrumentos, de manera concomitante:


– Para evitar los excedentes (o penurias) estructurales, el control de las producciones y la regulación de los mercados agrícolas resultan indispensables. Para afrontar los posibles excedentes coyunturales climáticos de producción, precios agrícolas mínimos deben establecerse por debajo del cual el aval no puede comprar productos agrícolas.


– La transparencia de toda la cadena alimentaria, un reparto equitativo del valor añadido entre sus actores, la limitación de márgenes, deben establecer una justicia económica que redundará en el beneficio de productores y consumidores, en contraposición con la situación tan desequilibrada que hay hoy en día.


– La UE debe cesar de exportar productos agrícolas a precios inferiores a sus costes de producción (dumping) y, en paralelo, debe tener el derecho de protegerse de importaciones a bajos precios, incluyendo la alimentación animal. El nivel variable de protección aduanera debe vincularse al coste medio de producción europeo.


– Pagos directos con topes por activo agrícola atribuídos, por una parte a las pequeñas explotaciones que justifiquen un papel social y medioambiental , por otra parte, a las explotaciones sostenibles de las regiones agro-climáticamente desfavorecidas, que tienen costes de producción más elevados. Si sus productos se exportan, un impuesto a la exportación reembolsa estas ayudas directas al presupuesto y evita así todo tipo de dumping.


2. El medio ambiente: todas las explotaciones tienen respetar normas de producción que ahorren en energía, en insumos químicos, en agua y en emisiones de carbono, favorables a la biodiversidad, y a la salud. Se asignan ayudas a las explotaciones que van más allá de estas normas en el plano medioambiental y social (como es el caso de la agricultura ecológica campesina). Por ejemplo, deben promoverse y mantenerse aquellas prácticas agronómicas que aumenten la tasa de materia orgánica del suelo, que almacene carbono y que permite la fertilidad a largo plazo. La investigación y la formación deben estar orientadas en este sentido.


3. Debe facilitarse la instalación y el acceso a la tierra, a través de medidas europeas y nacionales que permitan que un mayor número de jóvenes se conviertan en campesinos/as. Debe detenerse la concentración y la urbanización de tierras agrícolas.


4. Campesinas : deben establecerse medidas para el reconocimiento legal de los derechos de las campesinas.


5. Asalariados/as agrícolas: los asalariados/as agrícolas, europeos o inmigrantes, deben beneficiarse de los mismos derechos. Los Estados miembros están obligados a fijar un salario mínimo.


6. Debe establecerse una política de desarrollo rural , que complete las medidas anteriores; que dé prioridad al empleo rural, al reequilibrio geográfico de las producciones, al comercio local y a los servicios de proximidad.


7. Deben cuestionarse las normas actuales del comercio internacional agrícola, el ciclo de la OMC de Doha debe abandonarse al igual que los acuerdos de libre comercio con países terceros. Es necesaria una nueva gobernanza global, introduciendo nuevas reglas de comercio internacional. Dicha gobernanza deberá estar basada en la soberanía alimentaria y en el derecho a la alimentación.


8. La UE debe dejar de apoyar la utilización y cultivo de agrocombustibles industriales. El balance energético y de CO² de los agrocombustibles europeos es muy malo y a nivel mundial compite con las superficies agrícolas dedicadas a la alimentación o a los bosques. La autonomía energética de las explotaciones puede ser reforzada mediante el uso de las semillas oleaginosas cultivadas en la propia explotación o en la de los vecinos.


9. Tiene que prohibirse la producción o importación de OGM en agricultura y producción alimentaria, al igual que las patentes sobre lo vivo. Debe fomentarse el uso, intercambio y reproducción de semillas campesinas.