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Nuestra visión

Nuestra visión de unos sistemas agrícolas más justos y sostenibles puede resumirse en tres conceptos básicos: soberanía alimentaria, agroecología y derechos de los campesinos. Estos tres conceptos son complementarios y juntos representan la esencia de nuestra visión política.

Nuestro movimiento está formado por organizaciones campesinas de trabajadorxs agrícolas. A través de nuestras experiencias cotidianas y nuestra acción coordinada, somos las personas más indicadas para lograr el cambio sistémico necesario para mejorar el modelo agrícola europeo y garantizar que quienes trabajan en agricultura puedan alimentar a las poblaciones con alimentos locales sanos, mientras trabajan en condiciones dignas

En Europa, la falta de apoyo institucional a la agricultura familiar y campesina sigue provocando la desaparición de miles de explotaciones cada día. En 2040, es posible que en Europa sólo queden 3,9 millones de explotaciones, frente a los 15 millones de 2003. Como parte de sus esfuerzos para mejorar la condición dequienes trabajan en agricultura en Europa e invertir esta tendencia, trabajamos para incorporar la soberanía alimentaria, la agroecología y el respeto de los derechos de la comunidad campesina en los procesos de política agrícola regional e internacional.

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Soberanía alimentaria

La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a alimentos sanos y culturalmente apropiados, producidos con métodos ecológicamente sanos y sostenibles, y su derecho a definir sus propios sistemas alimentarios y agrícolas. Sitúa las aspiraciones y necesidades de quienes producen, distribuyen y consumen alimentos en el centro de los sistemas agrícolas y alimentarios y de las políticas públicas, en lugar de las exigencias de los mercados y las empresas.

Ofrece a las personas y sociedades un control directo y democrático sobre cómo se alimentan y nutren, cómo utilizan y mantienen la tierra, el agua y otros recursos en beneficio de las generaciones actuales y futuras, y cómo interactúan con otros grupos, pueblos y culturas sobre la base de la solidaridad internacional. Se opone al dominio de los intereses corporativos multinacionales sobre la gobernanza agrícola y alimentaria.

La soberanía alimentaria se opone a las políticas neoliberales que empujan a los Estados a desmantelar sus políticas agrícolas y alimentarias y a poner la producción y distribución de alimentos en manos del ""libre mercado"" y de las empresas multinacionales. En particular, la soberanía alimentaria no es compatible con los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio ni con los acuerdos bilaterales de libre comercio.

La soberanía alimentaria requiere políticas agrícolas y alimentarias que regulen el mercado, para que agricultoras y agricultores puedan vender sus productos a precios estables y recibir unos ingresos dignos y para garantizar un suministro de alimentos seguro y accesible para toda la población. Por ello, exigimos un cambio de rumbo profundo de la Política Agrícola Común de la Unión Europea.

A pesar de la tendencia cada vez más común y peligrosa de otros actores a apropiarse del término para promover su propia visión política, la soberanía alimentaria la conceptualizó La Vía Campesina en 1996 y se definió en la declaración de Nyéléni en 2007, un movimiento global compuesto por organizaciones que luchan por la soberanía alimentaria. El derecho a la soberanía alimentaria está reconocido en el artículo 15 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales (UNDROP).

Entendemos que para lograr una producción de alimentos sostenible, debemos reconstruir la soberanía alimentaria europea a través de un cambio hacia la agroecología, al garantizar el respeto de los derechos de los campesinos, es decir, el derecho a unos ingresos justos, y el acceso a la tierra, a las semillas, a los mercados y a los recursos para pequeñxs y medianxs agricultorxs.

Estos conceptos van de la mano. Ninguno de ellos puede lograrse de forma aislada, o a través de medidas o prácticas aisladas. Cada uno de ellos requiere políticas públicas coherentes y transversales y un cambio sistémico. Como organización campesina que representa a lxs pequeñxs y medianxs agricultorxs de toda Europa, pretendemos utilizar nuestra visión holística para informar, defender y luchar por estas políticas con el fin de lograr la soberanía alimentaria.

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Agroecología

Vemos la agroecología campesina como forma de vida. Ofrece soluciones a los principales retos medioambientales, sociales, económicos y políticos a los que nos enfrentamos actualmente en la sociedad. Es una práctica viva, así como un movimiento científico y sociopolítico, que construyeron y fomentaron las personas durante miles de años. Durante eones ha demostrado ser la forma más justa y sostenible de mantener la vida (humana) en el planeta Tierra.

La agroecología utiliza métodos que trabajan en colaboración con la naturaleza en un modelo de producción circular. Estos métodos refuerzan la autonomía de los campesinos al permitirnos ser independientes de los insumos externos. Este tipo de producción respeta los recursos locales y protege el medio ambiente y la biodiversidad al aplicar conocimientos campesinos específicos. Los métodos agroecológicos, si cuentan con el apoyo de políticas públicas adecuadas, sientan las bases para una transición del modelo de agricultura convencional a un modelo agrícola diferente, que eliminaría los pesticidas sintéticos y los fertilizantes químicos y aplicaría técnicas alternativas en el proceso de producción. La agroecología implica promover la transparencia en la producción, el procesamiento y la venta de los productos.

La agroecología campesina busca también una transformación de nuestra sociedad, basada en los derechos colectivos, las costumbres y las leyes que reconocen el derecho de los agricultores y las comunidades a la autodeterminación y la autonomía.

Desde un punto de vista ecológico, esto significa trabajar junto con la naturaleza, no contra ella. Esta visión está arraigada en los conocimientos tradicionales de los agricultores y se basa en procesos de aprendizaje entre campesinxs intergeneracionales, y basados en la experiencia. Desde el inicio de las prácticas agrícolas, la agroecología campesina ha contribuido a una mejor comprensión de la relación entre la producción de alimentos y los ecosistemas circundantes, sin olvidar la dimensión medioambiental, social y cultural.

Desde el punto de vista económico, promovemos economías realmente beneficiosas para las comunidades: economías solidarias, circulares y regionales, que respeten los principios ecológicos. Así, las actividades económicas respetan los límites establecidos por el medio ambiente y se rigen por las condiciones y necesidades locales, en lugar de por los intereses capitalistas y el crecimiento a toda costa. Y lo que es más importante, en la agroecología campesina, se respeta a lxs pequeñxs productorxs de alimentos por desempeñar un papel destacado en la economía y se les recompensa de forma justa por su trabajo.

Desde un punto de vista político, hacemos de los derechos de lxs pequeñxs y medianxs productorxs de alimentos una prioridad en la agenda y trabajamos como un movimiento hacia la igualdad y la justicia social para todas las personas en todo el mundo. Nuestra visión desafía constantemente las estructuras de poder en la sociedad y busca alejarse de un modelo basado en la dominación para avanzar hacia el liderazgo de aquellos que se preocupan por el bien de la sociedad en su conjunto.

La agroecología campesina difiere de un contexto a otro, según las necesidades y realidades de cada comunidad o sociedad. Sin embargo, los principios comunes de la agroecología pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • Fluidez en la aplicación a través de los territorios
  • Ecológico y de bajos insumos
  • Política, social y determinada por las comunidades
  • Derechos colectivos y acceso a los bienes comunes
  • Horizontalidad y diversidad de aprendizaje
  • Conexión espiritual y no mercantilizada con la tierra
  • Solidaridad y acción colectiva
  • Autónomo y justo, basado en una economía solidaria
  • Desafiar y transformar las estructuras de poder globales
  • Igualdad de poder y remuneración entre géneros
  • Oportunidades para la juventud rural

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Derechos de lxs campesinxs

Lxs campesinxs, las familias rurales y otrxs trabajadorxs de las zonas rurales se enfrentan a una violación inconmensurable y sistemática de sus derechos a nivel mundial y en toda Europa. Los medios de vida y la subsistencia de estos grupos dependen del acceso a la tierra, los bosques, los ríos y los océanos, y los mercados, entre otros factores, pero las injusticias estructurales y la discriminación en el acceso a estos recursos son generalizadas. En muchos casos, la situación se ve agravada por las políticas agrícolas nacionales, que favorecen a pequeños grupos de élite con cantidades concentradas de poder y recursos.

En este contexto, tras una lucha campesina de 18 años que incluyó procesos legales, movilizaciones, trabajo de incidencia y cooperación a nivel internacional, en 2018 se adoptó la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y Otras Personas que Trabajan en Zonas Rurales. El éxito de esta lucha, encabezada por La Vía Campesina, consagra los derechos colectivos de lxs campesinxs y agricultorxs para luchar por el acceso colectivo e individual a la tierra, las semillas, el agua, la biodiversidad y los recursos nacionales, así como la seguridad social, la atención médica adecuada y las condiciones de trabajo seguras.

La Declaración de la ONU es, pues, un instrumento estratégico que reconoce los derechos de lxs campesinxs como derechos humanos, y que debe servir para orientar la legislación y las políticas públicas en todos los niveles institucionales en beneficio de quienes alimentan al mundo.

La declaración es especialmente importante para nosotros, lxs campesinxs europexs, ya que solo en Europa el número de granjas se redujo de 15 a 10 millones entre 2003 y 2016, y podría caer a solo 3,9 millones en 2040. La mayor parte de las granjas perdidas eran de pequeña escala. Además, los ingresos de lxs campesinxs son un 50% inferiores a los delx ciudadanx europex medix. A pesar de estos retos, y de que sólo utilizamos entre el 30 y el 50% de toda la tierra cultivable, lxs pequeñxs y medianxs agricultorxs seguimos alimentando a lxs habitantes de Europa, preservando la biodiversidad y manteniendo el patrimonio cultural y social de las poblaciones.

Por ello, uno de nuestros principales objetivos es incorporar la declaración a todos los ámbitos de la legislación y la política europeas y crear instrumentos y mecanismos vinculantes para consagrar y proteger los derechos de lxs campesinxs a nivel europeo y mundial.

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