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La política agrícola debe estar al servicio de los pueblos

29 de marzo de 2017

Artículo editorial escrito por Geneviève Savigny, campesina de Alta Provenza (Francia) y miembro del comité de coordinación de la Coordinación Europea Vía Campesina (ECVC). Publicado el 24 de marzo, 2017 en el diario La Libre de Belgica, a la víspera de las movilizaciones europeas en relación con los 60 años del Tratado de Roma y la creación de la Política Agrícola Común Europea (PAC)

Artículo editorial escrito por Geneviève Savigny, campesina de Alta Provenza (Francia) y miembro del comité de coordinación de la Coordinación Europea Vía Campesina (ECVC). Publicado el 24 de marzo, 2017 en el diario La Libre de Belgica, a la víspera de las movilizaciones europeas en relación con los 60 años del Tratado de Roma y la creación de la Política Agrícola Común Europea (PAC)  

Pero ¿dónde está la coherencia entre los objetivos y las herramientas que prevalecían en 1957, cuando se firmó el Tratado de Roma? Hace falta un cambio radical en la política de la Unión Europea.

  La agricultura, fuente de la alimentación y de muchos productos útiles para la vida humana, concierne a toda la sociedad. No hay duda de que había algún tipo de consenso entre el mundo agrícola, los responsables políticos y la sociedad en su conjunto sobre el papel de los agricultores y los objetivos de una política agrícola, cuando el Tratado de Roma, firmado en 1957, sentó las bases para una primera política agrícola común. Primero se necesitaba garantizar la seguridad alimentaria de las poblaciones, y para ello producir más, modernizar las explotaciones, pero también equipar las casas de familias campesinas en las que a menudo vivían juntas varias generaciones con la comodidad ya presente en la ciudad. Los objetivos iniciales y las herramientas eran consistentes; aumentar la productividad agrícola, garantizar un nivel de vida justo a la población agrícola, estabilizar los mercados, garantizar la seguridad del abastecimiento, y asegurar precios razonables para los consumidores. La comida barata permitiría mantener los salarios bajos y promover el desarrollo industrial de Europa.   Hemos optado por la exportación   De hecho, el rápido éxito de esta política permitió producir una gran cantidad de alimentos y reducir de manera significativa el costo de la alimentación en el presupuesto de los hogares, pero causó crisis de sobreproducción desde comienzos de los años 70 y la explosión del presupuesto para el almacenamiento y la descongestión del mercado. Se habría podido cambiar los objetivos políticos, interesarse en los problemas creados por los modos de producción intensivos para el medio ambiente y preocuparse por el impacto del éxodo rural sobre la vida en las zonas rurales y el empleo. Hemos optado por la exportación. Para algunos jefes de estado, como Jacques Chirac después de la crisis del petróleo de 1973, la agricultura tenía que ser el petróleo verde de Francia.   Esta opción se fortaleció a lo largo de los años en Europa a través de las reformas de la PAC; en 1992, se reemplazaron los precios garantizados por precios nivelados en función del precio mundial que la PAC compensaría con ayudas directas. Estas subvenciones serían distribuidas por hectárea o animal producido - sin límite, lo que agrava las disparidades entre los agricultores y los sistemas de producción. Las reformas de 2003, 2008 y 2013 reforzaron la llamada "orientación hacia el mercado" al desconectar las ayudas pagadas a los agricultores de estas producciones, pensando que los agricultores escucharían "las señales del mercado" para cambiar sus producciones. Las herramientas de regulación del mercado fueron desmanteladas o drásticamente reducidas.   La competencia   Esto supone olvidar el hecho de que las inversiones son muy elevadas y que, cuando se instala una nueva sala de ordeño, no se puede pasar a la producción de porcino, solo porque este último funciona mejor en cierto momento. Los equilibrios son frágiles: una sobreproducción mínima puede causar el desplome de los precios, como sucede para los productores de leche, en medio de una crisis instigada por la supresión de las cuotas lácteas en 2015. Hasta esa fecha, un sistema de gestión de la oferta, aunque no perfecto, permitió asegurar precios correctos tanto para productores como para consumidores durante varios años. El abandono de las herramientas de intervención en el mercado, impulsado por la ideología liberal, hace que los precios son cada vez más volátiles y los ingresos de los agricultores inciertos, sin ningún beneficio para los consumidores.   Se nos dice que la agricultura debe ser competitiva, entendida en los mercados globales. Se olvida que la competencia implica ganadores y perdedores. Y los perdedores son cada vez más numerosos en la agricultura como en otros sectores, lo que resulta en un rechazo cada vez mayor de Europa.   El daño al medio ambiente y las condiciones sociales son cada vez más visibles, y ahora comprobamos que las políticas sucesivas perdieron de vista el objetivo alimentario de la PAC. Millones de europeos pobres no tienen acceso a una alimentación de buena calidad y los problemas de salud relacionados con la alimentación (obesidad, diabetes) aumentan de forma exponencial.   A la Unión Europea le cuesta llevar a cabo el cambio radical de política que se necesita.   Encuestas y el éxito de los sistemas alternativos de distribución de alimentos para los productos locales muestran que existe una demanda real de un cambio cualitativo. Pero las aspiraciones de los ciudadanos son imperceptibles frente a la presencia masiva de lobbies en las instituciones europeas. Dentro del sistema actual, la representación de la industria agroalimentaria y la agricultura industrializada de forma abrumadora y antidemocrática dentro del conjunto de partes interesadas, está organizada de forma completamente legal.   Ya que afecta a todo el mundo a través de la alimentación, la salud, los paisajes, la vida en el campo, donde nos gusta caminar, la agricultura es LA política en la cual los ciudadanos deben expresarse. Qué orientación debe tomar la agricultura europea en los próximos años: ¿queremos granjas fabricas o queremos desarrollar una agricultura campesina y local que utiliza la tierra de forma respetuosa y valoriza el trabajo? ¿Queremos alimentar a los ciudadanos o exportar materias primas en un mercado especulativo?   Es esencial que hoy en día, el ciudadano-consumidor se interese no sólo en su alimentación, sino también en la relación entre lo que come y los modelos de producción, y que haga oír su voz ante los responsables políticos a nivel local , nacional y europeo. De esta forma, la Comisión Europea ha puesto en marcha una consulta en línea en su sitio web, en la que cada uno puede expresar sus preferencias para la próxima reforma ya en discusión. Las importantes elecciones que se celebrarán en varios países europeos en los próximos meses también deberían abordar el debate de la agricultura y la alimentación.   La Coordinación Europea Vía Campesina (ECVC) que defiende una agricultura a escala humana, campesina y ecológica, se manifestará el sábado 25 de marzo en Roma para reivindicar políticas agrícolas y alimentarias al servicio de las poblaciones y no de unas pocas multinacionales, junto con una amplia coalición que pide una reorientación radical de nuestra Europa, democrática y solidaria, con motivo de los 60 años del Tratado de Roma.

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