A la fecha, a la luz de la conclusión de la octava reunión de su Órgano Rector – celebrada del 11 al 16 de noviembre en Roma y en lo que participó una delegación de La Vía Campesina, junto con otras organizaciones campesinas, miembros del CIP (Comité Internacional para la Soberanía Alimentaria), el Tratado Internacional de Semillas (1) está totalmente paralizado por la codicia de la industria biotecnológica y de los países más ricos. La Unión Europea, sede de cuatro de las seis mayores empresas de semillas OMG del mundo, la mayoría de las cuales son productoras de pesticidas (2), ha contribuido de forma significativa a esta situación.

 

Tras seis años de laboriosas negociaciones, el Órgano Rector necesitaba rediseñar su funcionamiento sobre una nueva base que permitiera la ejecución efectiva de las tres misiones de las que es responsable, a fin de garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria de los pueblos:

 

  • facilitar los intercambios internacionales de semillas,
  • garantizar una distribución justa de los beneficios derivados de su utilización,
  • respetar los derechos de lxs agricultorxs para que puedan seguir renovando y transmitiendo a las generaciones futuras toda la diversidad de las millones de semillas que han seleccionado y guardado de generación en generación.

 

 

Desde la entrada en vigor del Tratado hace 15 años, la industria biotecnológica ha tenido un acceso sin inconvenientes a todas las semillas de lxs agricultorxs, almacenadas en los bancos de genes internacionales del sistema de comercio multilateral del Tratado. Pero nunca ha compartido los beneficios.. Y, es más, la mayoría de países no respetan los derechos de lxs agricultorxs. El Órgano Rector – la asamblea general de los países miembros del Tratado – debía hacer obligatorios esos pagos y adoptar medidas legislativas para proteger y garantizar los derechos de lxs agricultorxs.

 

El conflicto se ha cristalizado en torno a un nuevo objeto invisible pero temible: la “información numérica secuencial”. Las biotecnologías genéticas modernas permiten ahora a la industria obtener patentes sobre información que vincula una secuencia genética descrita mediante unas pocas letras en una pantalla de ordenador con el carácter particular de una planta, como la tolerancia a un herbicida o la resistencia a un patógeno. La descripción de esta “información genética” en las patentes no la distingue de la información equivalente conocida como “nativa” porque está contenida en las plantas como resultado de diversos cruces o mutaciones naturales. Pero el alcance de las patentes se extiende a cualquier planta que contenga información genética similar a la patentada. De esta manera, las patentes sobre la información digital secuencial de las plantas permiten a la industria capturar todas las semillas del sistema multilateral del Tratado. Este último perderá su razón de ser si no se da los medios para prevenir esta nueva biopiratería genética.

 

Reconocer que la información numérica secuencial contenida en las semillas compartidas por el Tratado es parte integrante de estas semillas anularía estas patentes de biopiratería y obligaría a la industria biotecnológica a compartir los beneficios que se derivan de su uso. A pesar de la fuerte movilización de los países en desarrollo, la obstrucción de los gobiernos de los países más ricos impidió lamentablemente que el Tratado tomara esa decisión.

 

¿Podrá el Tratado escapar y restablecer sus misiones de compartición equitativa de las semillas y de protección de los derechos de lxs campesinxs que les hacen vivir?

 

Mientras el Tratado no prohíba a quienes tienen acceso a las semillas de su sistema multilateral reclamar patentes u otros derechos que limiten el derecho de lxs agricultorxs que las proporcionaron a continuar usándolas, intercambiándolas y vendiéndolas, La Vía Campesina recomendará que lxs campesinxs de todo el mundo dejen de dar sus propias semillas y la información digital secuencial que contienen al sistema de tratados multilaterales. LVC incita a los gobiernos de los países en desarrollo a exigir la misma condición antes de presentar sus propias colecciones nacionales de semillas al Tratado.

 

ECVC hace un llamado a lxs campesinxs para que continúen trabajando con los bancos de semillas nacionales y los gobiernos que protegen sus derechos en sus leyes nacionales. ECVC también continuará trabajando con el Tratado para que pueda salir del punto muerto en el que se encierra por culpa de la arrogancia colonial de unos pocos países ricos.

 

Contactos:

  • Guy Kastler – Grupo semillas de ECVC : + 33 603 94 5721 – FR
  • Alessandra Turco – Comité de coordinación de ECVC : +39 347 642 7170 – IT, ES, F
  • Antonio Onorati – Grupo semillas de ECVC : +39 3408 2194 56 – IT, FR, EN

 

 

1) Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRPAA). Estos recursos fitogenéticos son semillas de plantas, sus partes y componentes, utilizados genéticamente por la industria de las semillas para obtener nuevas variedades comerciales

2) Bayer-Monsanto, Syngenta-ChemCina, Basf, Vilmorin y KWS. Sólo Corteva, la empresa resultante de la fusión de Dow y Dupont, seguía siendo exclusivamente estadounidense.

3) « Digital Sequence Information » en ingles

4) De Norteamérica y Europa, así como Japón y Australia

 

Foto: FAO