Los excedentes lácteos y la bajada de precios a l@s ganader@s se afrontan con la reducción obligatoria incentivada de la producción. La regulación y estabilidad del mercado y la recuperación de los precios debe ser una prioridad.

 

El impacto de la pandemia de la COVID-19 está siendo duro en el sector lácteo. Desde principios de marzo, observamos el colapso del mercado con excedentes de leche y una caída preocupante de los precios para los productores. Frente a esta situación tan urgente, ECVC exige a la Comisión Europea medidas que atajen la situación, regulen y estabilicen la situación del mercado y los precios a los productores.

 

Para solucionar esta situación, la Comisión Europea adoptó el 22 de abril un paquete de medidas que proporcionaban una cantidad de 80 millones de euros para el sector agrícola y ganadero, que incluyen 30 millones de euros para el sector lácteo. En este último sector, las medidas van dirigidas para el almacenamiento privado de leche desnatada en polvo, mantequilla y queso.

 

ECVC denuncia que estas medidas, además de tardías e insuficientes, demuestran una vez más que la Comisión Europea se ocupa de las producciones y no de los productores, cuando en este momento se pierden más de 1000 agricultores por día en Europa.

 

Esta medida no detiene el crecimiento de la producción de leche, ya que no existe un control coordinado sobre los volúmenes. Dicha medida no va a aliviar suficientemente al mercado y tampoco evitará la caída de los precios al productor. Además, estas existencias van hacer caer, durante muchos meses más, los precios de los productores (como se observó en 2016 y 2017). En consecuencia, esta medida conducirá nuevamente a muchos abandonos de granjas de todos los tamaños y será un obstáculo mayor para la incorporación de jóvenes.

 

De esta manera, el verdadero impacto del almacenamiento de productos lácteos es proteger los intereses de la industria, garantizar que la época de precios bajos durará muchos meses y facilitar las prioridades neoliberales y de los acuerdos de libre comercio incoherentes.

 

Además, ECVC lamenta profundamente que las medidas de apoyo para el sector lácteo lleguen un mes y medio después del comienzo de la crisis y, probablemente, (en el mejor de los casos) no tendrán cierto impacto en los mercados hasta dentro de un mes; todo ello, teniendo en cuenta que sean aprobadas e implementadas. En esta línea, también se debe destacar la insuficiencia de este apoyo financiero. Se habla de 80 millones de euros para ayudar a una amplia gama de sectores, mientras que en 2016, la ayuda para el sector lácteo ascendió a 500 millones de euros.

 

En ese contexto, ECVC debe exige a la Comisión lo siguiente:

  • La revisión de los valores del precio de intervención para que no sean inferiores a los costes medios de producción;
  • El lanzamiento de una intervención y regulación pública del mercado en el sector lácteo;
  • La activación de la reducción obligatoria e indemnizada del volumen de producción.
  • Que la reducción también se pueda realizar mediante la extensificación de la producción, financiada, por ejemplo, por el Banco Europeo de Inversiones. De esta forma, se contribuye con los objetivos del Pacto Verde y con la estrategia de la granja a la mesa;
  • La indemnización de una parte del queso que no se pudo vender bajo indicador de calidad DOP e IGP, y su posterior distribución a diferentes organizaciones benéficas para que se entreguen a personas en situaciones precarias.

 

La crisis de la COVID-19 nos enseña hasta qué punto actualmente dependemos de un sistema globalizado totalmente insostenible. Ahora más que nunca, necesitamos tener más granjas pequeñas y medianas repartidas por todos los territorios, además de granjas con un mayor grado de autonomía y que practiquen la agroecología, produzcan y vendan cerca de los consumidores.

 

Por ello, necesitamos herramientas públicas de regulación de mercado. Estas deben permitir reacciones rápidas y efectivas, que protejan a los productores de los precios volátiles. No podemos aceptar ser víctimas de todas las crisis que ocurren, ya sean financieras, geopolíticas, sanitarias o climáticas. Aún se desconoce la magnitud y la duración de esta crisis, así como las posibilidades de recaída; sin embargo, lo que sí tenemos claro es que la producción agrícola y ganadera de pequeña escala y de proximidad garantiza alimentos saludables y suficientes para toda la ciudadanía europea.

 

 

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