Este comunicado de prensa ha sido publicado por ARI, miembro italiano de ECVC, para acompañar un documento de análisis más extenso sobre la pandemia de Covid y la agroecología campesina. El análisis incluye algunas demandas políticas para apoyar la agroecología y detener las falsas soluciones. Como informa la ARI: “este mismo documento es el resultado de la reelaboración y el desarrollo de textos, argumentos, información de muchas fuentes, que estamos recomponiendo en un mosaico para dar sentido a un pensamiento colectivo emergente”.

AQUÍ PUEDE LEER EL DOCUMENTO DE ANÁLISIS COMPLETO (EN ITALIANO)

 

 

 

10 de junio de 2020

 

 

Del coronavirus a la agroecología campesina

El análisis campesino de la pandemia

 

Somos agricultores y campesinos también involucrados en la pandemia de la COVID-19 y, por ello, expresamos en este documento nuestro punto de vista, ya que tenemos la intención de dialogar con las experiencias y realidades sociales que comparten estas visiones. A partir de la observación de las características biológicas del coronavirus y tras percibir algunas correlaciones significativas sobre la propagación de la epidemia del SARS-CoV-2 en el territorio italiano, hemos querido profundizar en los aspectos más relacionados con la dimensión agroecológica que incluye también la salud, la economía y la sociedad.

 

Los virus no viven solos. Como nunca antes, la pandemia de este coronavirus nos revela la naturaleza sistémica de nuestro mundo: la salud humana, animal y ecológica están estrechamente vinculadas. Esto es particularmente evidente en el caso de estas zoonosis, es decir, las referencias cruzadas virales entre la especie humana y otros animales.

 

La cría y los brotes virales. El tamaño y la organización de los rebaños uniformes y genéticamente seleccionados que se han desarrollado desde hace más de un siglo, favorecen la reducción o la desaparición de posibles resistencias inmunitarias útiles para frenar la transmisión viral. Es en las inmensas explotaciones ganaderas donde hay más posibilidades de que se produzcan mutaciones infecciosas en los humanos.

 

Las consecuencias ecológicas sobre la salud humana. Las enfermedades infecciosas no operan en el vacío, sino que surgen y se desarrollan en estrecha relación con el entorno natural y social. La devastación de los ecosistemas, la contaminación y el cambio climático convergen, con graves efectos, crisis ecológica y crisis sanitaria. Mientras que en la ecología del cuerpo, una dieta basada en alimentos ultraprocesados, pobre en nutrientes y rica en agroquímicos, debilita el sistema inmunológico. Así pues, surge una conexión entre la agroecología, la alimentación, la salud y las defensas inmunitarias.

 

La respuesta tecnocrática liberal se encuentra en un nuevo pacto entre la ciencia, la industria y las instituciones, en el que la salud y la agricultura solo pueden existir gracias a las soluciones tecnológicas producidas por las empresas de biotecnología y adquiridas en el mercado. Satélites, drones, nuevo material genético «para llegar al agricultor por todos los medios», mediante procesos competitivos y atractivos para el retorno del capital de los inversores. La lógica de mercado, a menudo afecta también a las instituciones internacionales, desde la UE a la OMS y las conferencias sobre el clima.

 

Biopolítica y capitalismo de vigilancia. Las instituciones del Estado, en ocasiones durante esta pandemia, han aplicado políticas sociales consideradas imposibles hasta hace pocas horas. Han suspendido a la sociedad, aislado y confinado a la población en sus casas; incluso han prohibido cualquier contacto físico mediante un verdadero control autoritario -además de negar cualquier confrontación científica libre-, ya que se han visto en la incapacidad cultural y política de saber cómo educar cívicamente a sus ciudadanos. De hecho, favorece un mayor dominio de las grandes empresas, tanto durante el confinamiento en el hogar con el entretenimiento digital y la entrega de bienes, así como más tarde con las aplicaciones de seguimiento de los movimientos personales y la recopilación de datos de salud.
Necesidad de nuevos enfoques científicos, ya que no compartimos las ideologías del coronavirus como una simple «emergencia sanitaria» o, por el contrario, la que acusa a un «ser humano» genérico como responsable de la crisis ambiental, ya que niegan o confunden las verdaderas dinámicas y responsabilidades políticas y sociales. Es necesario que científicos, ciudadanos y agricultores trabajen de forma conjunta, por una ciencia de la complejidad de los sistemas físicos, químicos, biológicos, cognitivos y sociales integrada con el sistema de conocimientos acumulados a partir de las experiencias colectivas de los sectores y campos económicos y sociales, y en las relaciones con los seres vivos de los ecosistemas.

 

Para un horizonte agroecológico

La agroecología, tal y como la entienden los movimientos sociales, es complementaria e inseparable de la soberanía alimentaria, puesto que practica el derecho de los pueblos a una alimentación sana y que respete las culturas. Por tanto, la soberanía alimentaria consiste en obtener los alimentos mediante métodos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente y se basa, además, en el derecho a decidir su propio sistema alimentario y de producción. Esto sitúa a quienes producen, distribuyen y consumen alimentos tanto en el centro de los sistemas y políticas alimentarias, así como por encima de las necesidades de los mercados y las empresas. Defiende los intereses y la integración de las generaciones futuras. Para todo ello, se hace indispensable el fortalecimiento, la solidaridad, el vivir bien, el comer bien, la autonomía alimentaria, el cuidado del agua, el suelo, las semillas que se produzcan y el apoyo a la agricultura familiar y campesina; de esta forma, desde los territorios se provoca el encuentro de los productores en alianzas rurales y urbanas. Reconozcamos estas capacidades colectivas. Dependamos el uno del otro.

 

 

 

 

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