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La Unión Europea necesita una estrategia coherente en materia de alimentación y agricultura.

 

Los objetivos de la Estrategia F2F son los adecuados, es hora de ponerlos en práctica.

Para:

Señor Timmermans, vicepresidente y comisario de clima,

Señora Kyriakides, comisaria de salud y seguridad alimentaria,

Señor Wojciechowski, comisario de agricultura,

Señor Sinkevičius, comisario de medioambiente, océanos y pesca

y Miembros del Parlamento Europeo.

 

el 13 de octubre de 2021, Bruselas

 

Señoras y señores representantes de la Comisión y del Parlamento:

 

Hace ya tiempo que ECVC apoya una «Política Agrícola y Alimentaria Común», es decir, una estrategia global para preservar y desarrollar una agricultura sostenible en Europa que cumpla con todos los siguientes objetivos: producir alimentos saludables suficientes como para alimentar a todos los ciudadanos europeos, reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero derivados de la agricultura y los sistemas alimentarios, preservar y restaurar la biodiversidad en los campos y en la naturaleza, crear más y mejores oportunidades de empleo para la población de las zonas rurales y mejorar los ingresos y las condiciones laborales de los agricultores y los trabajadores agrícolas.

 

Consideramos que la Estrategia «de la granja a la mesa» (por su sigla inglés: F2F) es un primer paso prometedor hacia esta visión más holística de la agricultura, que tiene en cuenta tanto los aspectos de salud pública de los alimentos como las cuestiones sociales y medioambientales de la producción agrícola.

 

En estas últimas semanas, ECVC ha sido testigo de los numerosos ataques destinados a debilitar la Estrategia F2F de la UE. En el marco de la segunda conferencia sobre la Estrategia «de la granja a la mesa», organizada los días 14 y 15 de octubre de 2021 por la Comisión, es importante que recordemos la importancia de dicha Estrategia.

 

ECVC manifiesta su apoyo a la Estrategia «de la granja a la mesa», pero también expresa su preocupación por esta tendencia que se centra en las soluciones tecnológicas y que podemos encontrarla en ciertos argumentos en torno a la estrategia. A su vez, también desea señalar la necesidad de poner en marcha herramientas reguladoras sólidas para cumplir con sus objetivos. Estos mecanismos hacen falta desde hace mucho tiempo, a pesar de ser esenciales para alcanzar los objetivos de esta Estrategia.

 

Ataques infundados a la Estrategia «de la granja a la mesa»

 

Los estudios realizados por el USDA, el COCERAL o el JRC hablan solos: ninguno de estos estudios es capaz de abarcar la complejidad de la reforma de los sistemas alimentarios tal y como se describe en la Estrategia «de la granja a la mesa».  Estos estudios dejan a un lado la necesidad de hacer frente a las emergencias climáticas y medioambientales. Ninguno calcula el coste medioambiental, social y, en definitiva, económico de la falta de actuación.

 

Según los distintos estudios, existe el riesgo de que la Estrategia «de la granja a la mesa» provoque una disminución significativa de la producción agrícola europea y, por tanto, un aumento del riesgo de una crisis alimentaria. Con ello se ignora el hecho de que la producción de alimentos en Europa, como en el resto del mundo, se basa mayoritariamente en una amplia red de pequeñas y medianas explotaciones. Estas explotaciones se ven perjudicadas por la dinámica actual de industrialización de la producción agrícola y la globalización del comercio. La reorientación de la política agrícola de la Unión Europea hacia sistemas alimentarios más territorializados y basados en la agroecología es una gran oportunidad para apoyar a los agricultores de todas las regiones europeas y garantizar así una producción de alimentos suficiente y sostenible tanto para el presente como para el futuro.

 

Teniendo esto en cuenta, es hora de ponerse en marcha para que todos podamos alcanzar los objetivos de la Estrategia «de la granja a la mesa». Todavía queda mucho por hacer. Dado que la Comisión está trabajando en el marco legislativo relativo a los sistemas alimentarios sostenibles, anunciado para 2023, ECVC solicita que se centre en lo siguiente:

 

1.      Apoyar el camino hacia una mayor sostenibilidad y un proceso firme hacia la agroecología. 

 

Ya es hora de conseguir un apoyo real a la producción, distribución y consumo de alimentos para promover la agroecología. La Estrategia de Biodiversidad de la UE presenta la agroecología como una forma de «proporcionar alimentos saludables manteniendo la productividad, aumentar la fertilidad del suelo y la biodiversidad, y reducir la huella de la producción de alimentos».  El último informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) lo presenta como un «régimen agroambiental [capaz de] mitigar algunos de los efectos adversos de la agricultura intensiva» (2019).[1] En contraste con la agricultura industrial, los principios de los métodos de producción agroecológica incluyen: el bajo uso de energía externa, las energías renovables y los métodos de producción y cosecha que maximizan la contribución de los ecosistemas y mejoran la adaptación, la biodiversidad y el clima. La agroecología debe promoverse en un contexto de soberanía alimentaria, que busca que cada ciudadano tenga acceso a una alimentación saludable y de calidad y de libre elección, así como que los agricultores vivan dignamente de su trabajo. Varios estudios sostienen que un modelo de producción alimentaria europea agroecológica es posible y que puede alimentar a Europa[2].

 

Es fundamental que la DG AGRI, la DG CLIMA, la DG SANIDAD y la DG ENVI, que son las principales DG en torno a los temas agrícolas del Pacto Verde, intercambien planteamientos coherentes que permitan una transición hacia la agroecología y la soberanía alimentaria.

 

2.      Frenar la carrera hacia las nuevas tecnologías y preservar el principio de precaución. Apostar por un gran número de agricultores.

 

Para empezar, ponemos en duda el camino emprendido hacia la digitalización de la producción de alimentos. Esta digitalización, mediante la promoción de una nueva generación de Organismos Genéticamente Modificados, la agricultura de precisión, los pesticidas, el uso de drones y la teledetección, está impulsando únicamente modelos industriales. Los resultados de su aplicación son a menudo imprevisibles y, en general, han demostrado ser perjudiciales no solo para el medioambiente, sino también para la sociedad y la salud. Además del aumento de la demanda de energía, provoca una disminución del empleo rural, la despoblación del campo y la desertización. Asimismo, cambia la relación de los agricultores con la tierra, privándoles del libre albedrío sobre su territorio y sus herramientas de trabajo. Estas soluciones parecen ser ineficaces para responder a los retos medioambientales, climáticos y sociales que definen los objetivos del Pacto Verde. En este sentido, resulta alarmante que, mientras se retrasa la aplicación de elementos clave de los procesos legislativos de la Estrategia «de la granja a la mesa», la Comisión Europea se precipite en la revisión de la Directiva 2001-18 sobre los organismos modificados genéticamente[3]. Esta propuesta de revisión pretende liberalizar algunas nuevas técnicas de OMG basándose en argumentos de sostenibilidad no documentados, lo cual se contradice claramente con los objetivos clave de la estrategia «de la granja a la mesa» y con el principio de precaución de la UE. Los agricultores serán los primeros en pagar el precio de la posible liberalización y debemos impedirlo.

 

Por el contrario, las instituciones europeas deberían aprovechar la riqueza de la agricultura familiar y campesina europea. La gran mayoría de las explotaciones europeas son pequeñas y medianas[4] y son estas las que producen la mayor parte de los alimentos, con métodos de producción diversificados, especialmente la agricultura mixta y una fuerte base territorial. Dichas explotaciones, además, crean puestos de trabajo en las zonas rurales. A pesar del escaso apoyo público que reciben, una gran parte de estas explotaciones apuestan ya por las prácticas agroecológicas. Una mayor regulación pública de los mercados y una reorientación de las subvenciones agrícolas hacia estas pequeñas y medianas explotaciones podrían permitirles a los agricultores llevar a cabo esta transición hacia modelos sostenibles con mayor serenidad. Asimismo, invitamos a la Comisión Europea a que trabaje en una directiva sobre las cuestiones relativas a la tierra, con el fin de garantizar el acceso a la misma a los jóvenes agricultores y a los nuevos trabajadores. De hecho, el principal reto para el futuro de la agricultura europea es mantener y reubicar a un gran número de agricultores en todos los territorios de la UE.

 

3.      Trabajar a favor de la soberanía alimentaria. Detener los acuerdos de libre comercio y la liberalización de los mercados agrícolas.

 

Teniendo en cuenta el impacto de las políticas alimentarias europeas sobre la gobernanza global, el medioambiente, el clima y las personas, creemos que la UE debe asumir su responsabilidad y frenar radicalmente sus acuerdos internacionales de libre comercio, adaptando la importación y exportación de productos agrícolas alimentarios y no alimentarios, para favorecer la producción regional y local y recuperar la soberanía alimentaria en Europa y en cada país. Esto debe hacerse de manera cooperativa y solidaria internacionalmente para que otros países del mundo puedan impulsar su propia producción.

 

ECVC se quedó muy decepcionada al ver que en las negociaciones relativas a la futura Política Agrícola Común no se hubieran tomado las medidas adecuadas que establecen las herramientas prácticas para cumplir con los objetivos de la Estrategia «de la granja a la mesa». El Mercado Común Europeo debe fijar precios justos para los agricultores, con el fin de garantizar una renta digna que pueda cubrir los costes de la producción de alimentos de calidad y unos salarios dignos y suficientes para los trabajadores rurales. Las subvenciones de la PAC deberían reorientarse radicalmente para recompensar tanto a los agricultores que se dedican a la producción agroecológica, como para apoyar a los que se comprometen con una transición hacia una mayor sostenibilidad.

 

Para que los alimentos que se proporcionan a los ciudadanos sean de buena calidad, saludables y de libre elección, es esencial que los agricultores puedan trabajar en buenas condiciones y con dignidad. Para lograrlo, la Unión Europea debe implicarse en la Declaración sobre los Derechos de los Campesinos y Otros Trabajadores Rurales (UNDROP), adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2018. Nosotros destacamos principalmente el Artículo 16, sobre el derecho de los campesinos a un nivel de vida adecuado y al acceso a los medios de producción. Pedimos a la Comisión que incluya la garantía de acceso a los derechos humanos, incluidos los de UNDROP, en su marco legislativo sobre sistemas alimentarios sostenibles.

 

4.      Garantizar la participación efectiva de las organizaciones de agricultores y de las poblaciones afectadas.

 

El éxito de la Estrategia «de la granja a la mesa», depende en gran medida de la capacidad de la UE para incluir eficazmente a las poblaciones afectadas en los procesos políticos y legislativos.

 

ECVC está preocupada por el hecho de que, con demasiada frecuencia, la UE conceda un espacio considerable a la industria y a la gran distribución, en sus procesos relativos a la agricultura y la alimentación, perjudicando a las organizaciones que representan a los trabajadores y a las poblaciones desfavorecidas. No podemos permitir, por ejemplo, que la mayoría de los documentos relativos a las políticas agrícolas y alimentarias estén solo en inglés, haciéndolos inaccesibles para la gran mayoría de los ciudadanos europeos y, en particular, para los pequeños productores.

 

Por lo tanto, es fundamental que se consulte y se escuche a las organizaciones de pequeños y pequeñas productores, como ECVC. Igualmente, la inclusión de las organizaciones que representan a poblaciones con dificultades para acceder a una alimentación de calidad es un requisito ese

[1] IPBES (2018): Resumen para los responsables políticos del informe de evaluación regional sobre biodiversidad y servicios de los ecosistemas para Europa y Asia Central de la IPBES. M. Fischer, et al. (eds.). Secretaría de la IPBES, Bonn, Alemania. IPBES secretariat, Bonn, Germany.
[2] En particular, el escenario TYFA (Ten years for Agroecology), véase Xavier Poux y Pierre-Marie Aubert, Demain une Europe agroécologique, Actes Sud; pero también el artículo científico dirigido por Gilles Billen y publicado en One Earth https://www.cnrs.fr/fr/une-agriculture-biologique-pour-nourrir-leurope-en-2050; el escenario Agrimonde citado en particular en La Faim dans le monde, dirigido por Delphine Thivet y Antoine Bernard de Raymond
[3] https://ec.europa.eu/info/law/better-regulation/have-your-say/initiatives/13119-Legislation-applicable-aux-vegetaux-produits-a-l%E2%80%99aide-de-certaines-nouvelles-techniques-genomiques_fr
[4] Selon Eurostat 2020, 77 % des exploitations européennes font moins de 10 hectares.